miércoles, 11 de febrero de 2009

El ruido me marea y no sé qué batalla estoy luchando.
Todos asienten con la cabeza y miran aprobando, dicen que voy ganando.

No sé a qué. No entiendo. No me gusta.

jueves, 22 de enero de 2009

- ah, te conté?
- no... no decís mucho... Qué?
- nada... no mucho
- bueno...
- si... pero bien
- claro, bien
- si


La verdad es que si hoy fuera 29 o 30 de diciembre de 2009 podría decir, tranquila, que ha sido un buen año. Pero esto recién empieza y tanta buena nueva me hace desconfiar de lo que se viene.
Tengo miedo.
Estoy como feliz.
Y Beli, la señora de enfrente, está muriéndose en su living, en mi ventana.

viernes, 14 de noviembre de 2008

132

Estuve sin internet en mi cama (sí, soy re fiaca), así que el viernes dejo lo que escribí el lunes, en la cama, sobre lo que me dejó el camino de regreso de lo de Lowe.

(Los viajes hacia y desde lo de la mal-amada doctora Low-how-lowe siempre tienen algo. Quizás simplemente porque son largos y en horas pico, quizás porque estoy cansada y mal predispuesta... o porque me quedo pensando.)

(Lo del otro lunes no lo puedo contar, me desapalabró de sopetón y permanecí asilenciada en lo de la doctora hasta que florecí en llanto como si me acabaran de conectar, me prendí - y desprendí- de lágrimas)

...


Hoy el chofer del colectivo le pegó a un señor no sé bien porqué, porque yo estaba escuchando Mi Música.

Fue una escena violenta.

De repente sentí que alguien atrás mío emitía unos raros lamentos. Giré la mirada. Una nena asustada, que probablemente no entendía mucho... o sí. Yo no entendía porque tenía auriculares alegres... ella era testigo, inevitabilidad escópica. Una mierda.

No pasó a mayores, el discriminado y golpeado borracho despreciado descendió. Y la nena se calmó. La señora que estaba a mi lado le tiró algún "no pasa nada, tranquilizáte, está todo bien". Y yo no dije nada de nada... de nada... Busqué un palito de la selva que tenía en la mochila para dárselo a la piba pero me dió vergüenza. Pensé que no se deben aceptar dulces de extraños. Recordé.

"Pobre nena", me quedé pensando cuando ella bajó del bondi. ¿Cuánto tardará en llegar a su casa? ¿se encontrará con brazos, palabras, silencios o golpes?
Me pensé madre, recibiendo a la nena angustiada, desilusionada y asqueada del mundo.

Cómo se convive con el miedo a lo que no se puede controlar? Un hijo tiene que hacer su propio camino, dicen. No sé si sería capaz de permitirlo. Es posible que no logre ser madre.

Impulso que supe controlar: llamar a mamá para intentar entender cómo se podía hacer semejante cosa, cómo se podía dejar hijos librados al mundo, cómo se podía confiar en que estaban preparados.
No estoy preparada, no puedo entenderlo.

Me quedé con ganas de abrazar a la nena porque también tuve miedo y me asusté... también estuve al borde de las lágrimas.



.

Hazañas

Lo tenía en un frasquito, dentro de un cajón. A veces lo llevaba en un bolsillo. Junior, lo había bautizado. Era del tamaño de la uña de un dedo meñique masculino. Junior, el gusano.
Él lo había gestado en su omóplato, a pesar del dolor que implicaba hacerle de casa y comida.
Junior se hacía camino a mordiscones y Augusto se rascaba sin enteder demasiado, perplejo ante lo inaudito del huésped.
Una noche no soportó el dolor, y se lo advirtió: introdujo un alfiler en la herida, justo cuando Junior salía a respirar. Junior se apresuró al cálido interior, avanzando hacia el hombro derecho.
Al día siguiente Junior aceptó la derrota y se asomó a la superficie del hombre, enceguecido por la luz. La doctora lo capturó prestamente, y fue a dar a un frasquito en un cajón, como una especie de trofeo... como lo máximo que puede parir un hombre.

...

y poder decir, tranquila nomás, que ya no me importa.

domingo, 2 de noviembre de 2008

A medida que pasan las horas queda en evidencia la distancia entre las intenciones y el deseo... Y todo eso que yo quisiera hacer por mí no es ni de cerca lo que ansío en este instante.
Hay decisiones que se pelean constantemente... como dejar de fumar, por sólo citar un ejemplo fácil.

lunes, 13 de octubre de 2008




Sí, temo que la felicidad me vuelva idiota. Más aún, más todavía.

Estoy maníaca. Asusto. No se puede estar así.
Creo que si me viera a mí misma desde fuera, pensaría "esta mina se droga".
Me fallan la compensación, la serenidad y se me nota. Tengo que dejar de imaginarme cosas y de olvidarme hechos.

Sueño despierta. Vos, tus manos, mi cama.
No quiero despertarnos. Cuando uno se despierta se despabila, se aleja. Vos ves que yo, yo veo que vos, que el mundo, que la vida. Durmamos un ratito más.

Tengo miedo. Alguien que soy y no soy, algo que se me sobrepone, me excede, me deja renga. Y yo que era una tipa tan independiente y autónoma no me reconozco.



Back to basics.

Hoy salimos a engañar al sistema, y resultó un programón.

Elfie se sentía mal. Muy mal. Pésimo. Lloraba, y no salía de la cama.
No me preocupé, porque soy medio imbécil para estas cosas. Hija'e mi madre... que, by the way, llamó, asustada, preocupada, pidiendo cariñosamente "hiciera de ella".

Y saqué a Zok, con el mate a mitad de camino y el living semi-imaginado, y nos subí a un taxi, con Elfie a cuestas, que llevaba una pelota de almohada para sostenerse los intestinos. Y lloraba, era cierto que lloraba. Y yo no me había dado cuenta.

Después de varios consultorios Zok decidió que estábamos en una disco. Y así pasaron las horas, con el fraude a flor de piel y la sala de espera plagada de testigos. Cuando Ellefie estuvo inyectada por varias agujas en una noche loca decidimos que era hora de volver a casa.

Y en lugar de mate hubo pizza. Y Elfie tiene que hacer dieta, porque así le pegó la noche en que casi la desvirgan a los 27 años con un pene de plástico.






Ser mujer no es fácil.




Good night.